No se trata de una nueva técnica del maestro Miyagui, no. Son fotos captadas por la cámara de Laura R. durante unas prácticas para guarda forestal en el Parc del Montnegre. Sencillamente espectaculares.
Aviso: Las imágenes mostradas a continuación pueden herir la sensibilidad de las personas. Si te consideras fan de la Rana Gustavo, quizás deberías saltar al siguiente post y borrar la idea de mirar éste de tu mente…
Pues va a ser que sí. Te miras en el espejo del ascensor al llegar a casa: ese grano en la nariz, esas ojeras bajo los ojos, esas venillas alrededor de las pupilas… Esa curvilla “graciosa” por encima de la cadera, que “alguien” en su dia calificó de sexy. Hubo “alguien más” que la calificó de igual manera… Manchitas en la piel, de la que, con el calor que hace hoy, emana un ligero sudor que la recubre con una fina película que la hace brillar. Pellillos que vuelven a asomar tras dos días transcurridos desde el último afeite. El pelo, en la cabeza, ya crece, habrá que volver a rapar, ¿qué tal el peluquero? Y esa cara de cansado… joder, otra noche llegando a las mil a casa… ¿cuántas van esta semana?¿3?… Esa cabeza ladeada que lo observa todo con un deje como de asco, de tírria, de “que te den…” Y para colmo, una mañana de mierda. Eso. No me he cansado de decirlo. Una mañana de pura mierda. Tal y como decía el gran Julio Mayo (y no es cóña, se llama así): “UNA MAÑANITA DE COJONES”. Joder. Qué asco de gente. La sociedad se está echando a perder. Ya nada de lo que dices, o haces tiene credibilidad. Estamos deseosos de que alguien la cague, para pedir “que venga el encargado”, para humillar, para joder, para ser felices jodiendo en el sentido literal no angloamericano de la palabra. Como el portero que te dice “Tu no pasas, porque yo lo digo”. Y vas, y no pasas. Porque él lo dice. Ni más. ni menos. Y despues, aún te toca sonreír. Y escuchar como tu “superior”, como tu “encargado”, repite exactamente las mismas palabras que tú, y el tontito de turno se da por satisfecho y te pone cara de “Te lo dije”. No te jode. Tío, te has pasado de la raya. Estás tan lejos de la raya, que la raya ya es solo un puntito para ti. Abogadoooo. Y se pira satisfecho, el muy cabrón. Pero traaaaaanks, mañana será otro día… Mañana… Mañana empiezo vacaciones Por cierto, tu mujer me ha guiñado el ojo. Pero esto, lo leerás mañana.
A petición de fruco, recupero el precedente del que será el próximo capítulo, ya en gestación, para los que no lo vieron en su momento. No soy dado a este tipo de cosas, pero tengo que decir que, pese a la brevedad del tema, me siento bastante orgulloso de mi creación… Ahí va:“Tras la serie de acontecimientos ocurridos durante las dos últimas noches, Muldoon decidió tomar cartas en el asunto y emplear sus conocimientos militares para tratar de ayudar al pueblo Ubutu en esa guerra sin sentido. No podía permitir que los saqueos y violaciones se sucedieran noche tras noche sin hacer él nada por evitarlo. Así pues, escogió a los cuatro utsis más veloces y envió a cada uno de ellos en dirección a cada punto cardinal, a más de una milla de distancia, para que, al aproximarse el enemigo, regresaran e informaran al poblado. Zin’hue, el hechicero, se mostró conforme con la idea, para sorpresa de Muldoon, ya que hasta entonces había reprochado denostadamente la actitud neutral del fotógrafo. Al caer la noche, un manto de inmensa negrura recubrió la sabana. El calor, sofocante durante el día, ahogaba ahora a los hombres y mujeres ocultos en sus hogares, armados con lanzas, bastones, arcos y flechas, listos para entrar en acción, y dibujaba riachuelos sudorosos sobre su piel de ébano. Fuera, tan solo se podía oír el rumor de la brisa acariciando las lomas que rodeaban la aldea, mientras a lo lejos, una manada de hienas iniciaba su particular búsqueda de alimentos y, con sus risas, crispaba aún más el silencio que latía en todas y cada una de las chozas. Muldoon, con ceremoniosa actitud, acabó de engrasar el cañón de su fusil, lo cargó, le quitó el seguro, y se sentó a esperar.”
Pese a tener mañana dos entregas masteriles, y estar ambas en proceso de constitución, me he tomado el lujo de dejarme invitar a un concierto singular. Son Cabo San Roque, y su espectáculo, La Caixeta. Automatismos varios, instrumentos semi-inverosímiles y una presentación de lo más curiosa. Un público incontinente e incontenido incapaz de ocultar su sorpresa antes tamaña artificialidad. Algo realmente sorprendente. Los tenéis en la Sala Beckett hasta mediados de Junio. Pasen y vean, señores, pasen, y vean…