paranoias

Nunca más

August 17th, 2008 yarli

Su mano palpaba la pared, en medio de la oscuridad, buscando el interruptor. Tras golpear inutilmente contra el tabique en varias ocasiones, finalmente logró que ésta se encendiera. El lavabo se iluminó. A primera vista, todo seguía igual. Su vaso, con su solitario cepillo de dientes, reposaba junto al jabón, aromático, de manos. Los cromados de los grifos, el espejo, y la cuchilla en el borde de la estantería, junto al after shave y los perfumes, brillaban con luz propia, bajo el reflejo de las tres incadescentes luces. La cuarta estaba fundida. Se dirigió al inodoro. Levantó la tapa, y a continuación se sentó sobre el vidé. La luz, alojada en el fondo de la taza del water, reflejaba su contorno, distorsionadamente, como si en una casa de espejos se encontrase. Resultaba curioso. Cuantas veces en su vida, había abrazado aquella taza y nunca jamás se había percatado de ello. La consecuencia se debía, pensó, a que, seguramente, en la mayoría, por no decir, todas las ocasiones, su alcohólico estado, no le permitía percatarse de detalles como ése. Hoy era diferente. Igual sí que estaba regado de cerveza. De hecho, el pestañear resultaba una tarea más complicada de lo normal, al pegarse los párpados cada vez que el ojo se cerraba. Pero, fuera de la norma, hoy miraba ésa taza completamente sobrio. Y no sobrio porque él no quisiera. Porque intentarlo lo había intentado. Sino sobrio porque no había más remedio. Tras un dia de ingesta contínua de alcohol, su cuerpo había llegado a un punto en que, por más que lo intentara, no había forma de perder el sentido. Y eso, eso, le repateaba. No es que fuera un alcoholico, no. Es más, no él no era una persona dada a lo de beber, salvo en noches de fiesta y vigilias varias, pero ésta noche había empezado demasiado pronto, poco despues del mediodía, y había acabado más pronto aún, poco después de la media noche. Pero el hecho que le habia llevado aquí era otro. Ella estaba en su cabeza. Una peculiar imagen que día tras día se había ido deteriorando, y metamorfoseando en algo que era incapaz de reconocer. Resulta curioso que, tras todo ese tiempo, su imagen perdurara en su memoria, pero esto, es algo de lo que él se sabe incapaz de remediar. La cuestión final es que, ahí estaba él. Con su traje recién estrenado, su camisa, su corbata, sus calcetines de ejecutivo (los zapatos se habían quedado en la entrada, con el calor que hacía prefería andar descalzo por casa) y un cartón de tabaco. Curiosa la imagen, como salida de una foto surrealista evocando el decaer de la sociedad ante sus temores, del gran ejecutivo ante la realidad animal-socialítica humana (y es que, por mucho que lo niegue, al ser que más visita un ser humano, es al inodoro) Y ahí estaba él. Desprecintando, una a una, todas las cajas de Marlboro. Depositando el papel plateado junto al plástico precinto en el hueco entre sus piernas, para abrirlas, una a una, y dejar caer al agua, quizás demasiado melodramáticamente, cada uno de los cigarrillos que había en ellas. Nunca más, meditaba durante el proceso. Nunca más. Cuántas veces había pensado lo mismo, y cuántas veces había vuelto a caer. Nunca más, se decía. Nunca más. Uno a uno, los cigarrillos se iban descomponiendo en una masa informe, tras sumergirse y surgir reflotados del agua, recordándole el triste tañir de la reciente campana. Nunca más. Nunca más. Él se lo había arrebatado todo. Él se la había llevado. Nunca más, ella volvería a estar a su lado. Nunca más volvería a sentir cuán sensual resultaba con uno de ésos cirgarrillos en sus labios. Nunca más. Lanzó el último cigarro, y a continuación, sin ni siquiera mirar, un torbellino de agua los arrastró. Apagó la luz y, ya en su butaca, en silencio, en plena oscuridad, se dispuso a pensar en qué vendría a continuación. Nunca más.