paranoias

Va por tí, Manolo

A sus cuarentaiséis, ¿o eran cincuentaiséis?, llevaba ya más de media vida, dedicado a escribir historias de final infeliz. Todo sin darse cuenta de, que de todas, la más triste historia, era la que se había labrado, era la suya propia. La culpa la tenia ella, la barbie superestar, la de los ojos color verde marihuana, la que trabajaba tras la barra de un bar, en un pueblo con mar, una noche, después de un concierto… la que le había llevado a todo aquello. ¿Y qué quedaba entonces?¿Qué?… Palabras, Manolo, palabras. Ésta va por tí. Pirata, cabrón, entrañable amigo sorprendente, con el que la edad no suponía diferencia. Tú, que por lo que sé aún luchas con lo tuyo, pero sin querer queriendo ya hablo de tí en pasado, tengo la certeza de que el recuerdo que queda, es el recuerdo que vale; y ése recuerdo eres tú, dando guerra, con tu acento gallego, defendiendo lo indefendible, ante el bastión, cagándote en el hideputa que arrió la bandera, llamándole “¡Maricón!”, con esa sonrisa, tan tuya, torcida, marinera, de capitán sin barco, con esa mirada estoica, de digno rival, espadachín, pistolero, valiente… Dále, cabrón, dále. No te rindas. Que no te pueda. Manolo, joder, que no quiero echarte de menos. No te rindas, joder, no te rindas.

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