Un poco más mayor
El sonido sibilante que surgía de su aliento le recordaba al Camel, al Marlboro, al Nobel… a esos cigarros que, en el transcurso de una nueva e inolvidable velada, habían circulado por sus vías respiratorias. Una noche más, dirían unos, una noche menos, dirían otros. Para él, tan solo otra noche. ¿Otra noche? Igual no. Ésta había tenido algo de muy especial. Algo, algo que había hecho que se percatara de una evidencia rotunda: se estaba haciendo mayor. La gente que había transcurrido por su vida, los amigos, las parejas, los no tan amigos, los (y las) que habían quedado por conocer… todos, y todas, estaban ahí. Como si de una puerta fictícia se tratara. Llamando unos, y é a su vez, abriendo o haciendo oídos sordos al sonido de los nudillos al golpear en el dintel… A veces todo es muy complicado, pensaba. ¡Qué narices! Todo había cambiado. Él ya no era el que había sido, y muy seguramente, jamás lo volviera a ser. Echaba de menos tantas cosas… Aquellas llamadas, a las tantas de la madrugada, entre lágrimas, diciendo “Te echo de menos”… Aquellos gestos, aquellas sonrisas, aquellas caricias… todo, absolutamente todo, había cambiado. Ésa había sido su apuesta. Un todo o nada. Y… ¿acaso había ganado?¿Había perdido? Esto, como decía su tío, esto es como la guerra, ni unos ganan, ni unos pierden, todos pierden. Y quizás, tan solo quizás, tuviera más razón de la que hubiera querido tener. A veces, sin darte cuenta, te haces mayor. Y cuando descubres que ha pasado… ya es tarde, chaval, ya es tarde.
Leave a Reply