paranoias

Y ya ves…

Y ya ves… meses después del último post, por aquí andamos de nuevo… Vaya tela. Existen semanas buenas. De ésas que dices “¡Joooder, qué bien!Esto no lo cambio por nada”. Mentira. No dices eso. Las semanas buenas, simplemente, son buenas y punto. Y no te acuerdas de ellas hasta que te llega una puñetera semana de ésas jodidas, pero jodidas de verdad, de ésas que hacen que pienses “Ok, a la salida del trabajo tengo que pasar a comprar por el Caprabo: patatas, atún en conserva, leche, zumitos, algo de fruta y, de paso, me pasaré por la sección de armería a ver si compro un rifle Ak-47, y empezamos a arreglar las cosas”. Pues eso es justo lo que me comentaba hoy, el amigo gabacho Dennis. Resulta curioso como, estés en el país en el que estés, tengas el color que tengas y reces a quien reces, los síntomas son tan y tan parecidos, y hacen que el más majo evolucione al peor de los sociópatas. Días de esos en que te quedas mirando fijamente la pantalla del ordenador, quieto, callado, y piensas, para tus adentros, en lo bien que te sentirías estampando un puñetazo en medio de la misma, tirando teclado, ratoón, impresora y cuanto al alcance de tu mano esté por el suelo, mientras entre compulsas carcajadas tus compañeros te miran por encima del box. ¿Y por qué no también tirar la de tu compañero de al lado? Sí, ése que se pasa el dia haciendo llamadas personales, pero nadie, absolutamente nadie, tiene narices de decirle nada. Y que para más inri en cuanto puede te pone de bobo ante los demás. “A ése la pantalla se la ponía de collar, de collarín, joder, ahí bien apretada, pinchando”. Y es que… si solo fuera el curro… pobre Dennis. No tiene ni idea de lo que le espera. Dennis es de los que sabe que esto no se pasa, no. Sabe que en cuanto llegue a casa todo quedará en pausa, en es corta cuenta atrás que sirve para separar el tiempo que pasa entre el sonido de su terminal al apagarse por la tarde, y el sonido del mismo al encenderse por la mañana, en un bucle sin fin en el que tan solo espera contagiarse con alguna variedad gripal bien complicada por la que le pidan que no acuda al trabajo hasta sentirse mejor. “Como la zorra de Brigitte”, comenta Dennis. “La muy zorra”(resulta hasta divertido oír la palabra “zorra” en labios de un francés, suena como a “sojja”). No deja de ser curioso cómo la gente tiende a caer enfermo justo antes o después del periodo vacacional, y así aprovechar el tirón. Claro está que 4 días enfermo (en Francia, el convenio colectivo dicta que hasta el 5º día de baja no hay que presentar justificante médico…), más la semana de vacaciones… Es más bien un chollo. Al parecer, la tal Brigitte, la “sojja” es una especialista en el asunto. En cuanto Dennis la oye toser, ya sabé qué va a ocurrir mañana. Y esto le revienta por dentro. Yo le he dicho “Penis (es una coña nuetra), no te rayes. Podría ser peor. Podrías ser como ella.”

One Response to “Y ya ves…”

  1. Desgraciadament la vida és una rutina, tant fisiològicament com socialment. La vida, a més té una altra pega, que estem en contínua recerca de la felicitat, felicitat que tant costa però que tan ràpid se’n va. Encara sort, però, que estem envoltats d’aquelles persones que ens estimen, com són la família i els amics que sempre els tens allí pels moments més dèbils. Pitjor podríem estar: podríem estar dins una vida rutinària que consistís en despertar-se, esmorçar, seure en una cadira tot el dia i com a molt limitar-te caminar pels passadissos del mateix edifici que alberga el teu llit, no tenir ningú que et vingui a visitar i a qui contar aquell petit somni que has tingut a la nit, dinar, tornar a seure en aquella cadira mateixa del matí i que està esfondrada pel pas dels anys, sopar i dormir. Cada dia així des de fa vuit anys, nou anys o més…
    Som joves i per sort, amb molta vida per davant. Encara estem teixint el nostre camí, per tant, no ens podem devallar ara. No deixem que la rutina de la feina ens mengi, em de gaudir dels millors moments que ens passin i recordar aquells que ens han fet feliços.

    Salut!

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