paranoias

Las 5:24

Eran las 5:24. Marcos llevaba horas, aunque parecían una eternidad, revolviéndose entre las sábanas de su cama. El silbido del viento, pese a tener la persiana bajada y la cortina echada, se filtraba por la rendija de su ventana, alertándolo de que el temporal aún no había cesado. ¿Qué había ocurrido? Una serie de acontecimientos habían vuelto a ocurrir. Y esto, señoras y señores, empezaba a ser muy, pero que muy, raro. Dicen que esta vida es para vivirla, que solo se vive una vez. Marcos, para mal o para bien, no. Marcos la vivía, y la volvía a revivir, constantemente. Sin saber por qué, a causa de qué o por culpa de quién, todo, abosolutamente todo, volvía a suceder. Unas veces pensaba que era tan solo cosa de su subsconsciente: “Pienso mucho” solía decir. Pero no. Antes de que le presentaran a alguien, sabía quién era esa persona. Sabía si le iba a caer bien o mal. Sabía si había algo por lo que luchar. O, si por el contrario, valía más la pena hacer caso omiso de la misma y proseguir con su venir y revenir diario. Cuando entraba en la panadería sabía qué, cómo y cuándo le iban a soltar el “Marcos, ¿qué será hoy? ¿Una baguette?”. Y, no se equivoquen, no. Marcos podía tener de todo, de todo menos rutina. Ya se preocupaba bien de ello. No solía repetir hábitos, a excepción claro está, de los “estrictamente necesarios”, como por ejemplo: Ir a trabajar. 1 2 3 responda otra vez. La cuestión es que tan solo tenía que pensar en una película, o en una canción, o en una persona, para que esta volviera a aparecer en su vida. Y, bien os puedo asegurar, que ni canciones ni películas ni personas albergaban privilegio alguno en el orden de proceso mental diario de Marcos. No. Más bien al contrario. De alguna manera, se había percatado de lo nocivo que resultaba para él el hecho de tener que repetir, repetir y volver a repetír una misma situación. Así que, como si de un truco pnemotécnico se tratara, había desarrollado una inmensa capacidad de “abstracción”. Esto es lo mismo que pasar horas pensando y pensando en qué cantidad de peces nadaban por el río Ebro ésa misma mañana, o de qué color sería el primer coche que viera al salir de casa, o… Miles de excusas momentáneas incapaces de, por su nimiedad más absoluta, llegar a molestar a nuestro amigo Marcos con sus permanentes impertinencias , pero por otro lado, llevandole a un estado de la más absoluta irracionalidad. Curioso ¿verdad?

Un dia de estos os presentaré a Marcos. Estará encantado de conoceros, seguro. Pero por si acaso, no le prestéis demasiada atención.

Dicen que este mal se contagia….

Leave a Reply